Santa Lucía, un film de Andrea Schellemberg

Testimonios de la represión al pueblo de Tucumán durante la década del 70. Un documental que aporta la palabra de los sobrevivientes contribuyendo a reconstruir un pasado que aún no termina de cerrarse.

La escena se instala en Santa Lucía, en el Departamento de Monteros, al borde de la ruta 307 que cruza el monte tucumano. En esa zona rural comenzará Lucía Aguilar una investigación que le aporte datos sobre la desaparición de su tío y eche luz sobre lo acontecido en el pueblo y sobre el destino de tantas otras personas del lugar, secuestradas, torturadas y desaparecidas durante la década del 70. Años de una oscuridad tan profunda que cuatro décadas después sostienen incógnitas de espanto.
Hasta 1968 funcionó, allí, el Ingenio Santa Lucía que le daba nombre al pueblo y aseguraba el trabajo en la producción de azúcar a los habitantes del lugar. En ese mismo año fue intervenido y cerrado por la autodenominada Revolución Argentina que derrocó al presidente radical Arturo Illia y, que instalaría en el poder a sucesivos dictadores militares (Onganía – Levingston – Lanusse).
A ese lugar llegaron los militares en el año 1975 en la llamada Operación Independencia que tenía por objetivo aniquilar el foco “subversivo” del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) que se había instalado en la provincia algunos años antes. El decreto llevaba la firma de la impresentable presidenta María Estela Martínez de Perón quien había asumido luego del fallecimiento de su esposo, el presidente Juan Domingo Perón. Este decreto, el número 261/75, fue el primero de una saga de cuatro (firmados por Italo Argentino Luder) que explican muchos otros sucesos posteriores. De modo que en ese momento de 1975, los militares ocuparon el lugar hasta la llegada de la Democracia.
El estado de sitio otorgaba carta blanca para todo tipo de atropellos. Los testimonios dan cuenta de que pasadas las 22 hs. nadie podía circular por la calle y que la gente dormía vestida por el temor a los allanamientos, casi siempre acompañados de golpes, robos y destrucción de bienes bajo la sospecha de ocultar o colaborar con los subversivos. Secuestros, torturas, desapariciones. Familias destrozadas como la del matrimonio Castillo del que nunca se logró obtener ni un solo dato sobre su destino.
La cuidada cámara y fotografía acompaña el ritmo del relato, trayendo las voces de algunos vecinos que dicen tener miedo de hablar o lo hacen entre llantos. Retazos de un pueblo tranquilo devastado por la barbarie. La violencia suele enmudecer al narrador cuando debe poner en relato aquello que no tiene nombre. O, desbordado de espanto, trata de reponer un suceso de altísimo índice traumático.

Un párrafo aparte es el referido al Teniente Coronel Jorge Luis Mittelbach, quien fuera destinado en 1976 a una fuerza de tareas que funcionaba en el Ingenio y que, al asumir su puesto comunicó que pediría su relevo si no se desmantelaba la sala de torturas que existía en el predio.

Cuando fue a reclamar su ascenso a Coronel (que venía postergado por más de 4 años) fue sancionado con 30 días de arresto por el “agravio inadmisible” de aducir que durante su destino en Tucumán no había secuestrado, torturado ni matado a ningún conciudadano.

Las imágenes y el sonido de la entrevista con Mittelbach no admiten un parpadeo:

“la noche que llegué estaban torturando a un par de ancianos, un matrimonio, que tendrían 70 años cada uno. Le estaban aplicando picana en los genitales…”

“… los ví (a los prisioneros) esa noche que llegué, estaban todos acostados en un patio grande… era un espectáculo dantesco porque estaban orinados, llorando, hablaban al cielo, a la oscuridad, estaban delirando, una cosa terrible (…) serían unas 16 o 18 personas”

Si bien, mucho se ha avanzado en la última década en la investigación de toda suerte de delitos cometidos por los militares contra las personas y la propiedad, con total impunidad y con la complicidad de civiles y de la iglesia, aún hoy hay lugares como Santa Lucía que han quedado detenidos en el tiempo a causa del miedo y la impotencia y que aún esperan justicia. El terror continúa operando cuando parece que todo pasó hace mucho, demasiado tiempo. En este sentido, las espurias leyes de Obedicencia Debida y Punto Final dictadas por el Presidente Alfonsín, ante la impotencia de desmantelar el aparto del terror junto a los indultos posteriores de Carlos Menem, funcionan en paralelo con una justicia cómplice y devaluada que si pudiera hacerlo por sí misma, volvería a indultar a los genocidas.

En este sentido, Lucía Aguilar protagoniza, participa y comparte la experiencia de los testimonios, permitiendo que la directora Andrea Schellemberg y su equipo logren un documento necesario. Un eslabón más que contribuye a reconstruir un pasado que aún no termina de cerrarse, que lo hará cuando todos los responsables, militares, políticos, civiles y eclesiásticos rindan cuentas y paguen ante la justicia. El film también realiza un valioso aporte a la memoria colectiva de las generaciones futuras, para que nunca más se repitan los actos aberrantes que acompañaron el período más nefasto de la Argentina.


Ficha Artística/Técnica

Origen: Argentina
Año: 2012
Protagonista: Lucía Aguilar
Dirección: Andrea Schellemberg
Guión: Andrea Schellemberg
Producción ejecutiva: Daniela Bonamino
Productor técnico: Pablo Scolari
Fotografía y cámara: Mariano Paciocco, Augusto Tejada, Gabriel Linares
Cámaras: Pablo Scolari, José Luis Romano
Montaje: Fernando Vega
Diseño de sonido. Fernando vega
Sonido: Hernán Gerard, Marcos Dickinson
Sonido Directo: Pablo Scolari, Leandro Drago
Música original: Pedro Menéndez
Estreno en Buenos Aires: 17 de abril de 2014

Festivales Internacionales en los que participó la película

Festival internacional del Nuevo Cine Latinoamericano- Cuba
Festival internacional de mar del plata- Argentina
Festival de Cine Latino en Trieste y Roma – Italia
La Sudestada y Cine Club Argentino – Paris – Francia
Festival internacional de derechos humanos – Argentina
Festival de cine independiente de Montevideo – Uruguay
Festival internacional de Salto – Uruguay
Docant – Instituto Antropológico-Ministerio de Educación de la Nación

Esta crítica fue publicada originalmente en la revista Puesta en Escena

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