El Tao del sexo

María José Gabin y Raúl Rizzo

Hasta el 29 de noviembre podrá verse en la Sala Luisa Vehil del Teatro Nacional Cervantes, El Tao del sexo, la pieza escrita por Ignacio Apolo y Laura Gutman, con la dirección del primero y con las actuaciones de María José Gabin y Raúl Rizzo.

Eugenio y Male conforman una pareja madura, diríase en su plenitud vital. Tienen una hija adolescente. Él, abogado, trabaja en el estudio que fundó su padre. El fallecimiento de éste será el punto de inflexión que permitirá reflexionar sobre la propia condición y la de la pareja. La relación de ella con su madre, la de él con su padre y hermano, la de ambos con su hija y en especial, la de ellos a partir de sus propios conflictos y necesidades.

Varios son los aspectos que pueden destacarse de la puesta de Apolo pero sin duda, hay un logro excluyente. Pensemos que todo lo que posee cierta materialidad comprobable, desde una palabra o un movimiento hasta un objeto o un color, incluso un sonido, puede construirse con cierta facilidad. Hasta se podría contar una historia medianamente interesante con pocas herramientas o aún con un mínimo de talento. Lo difícil es lograr aquello que, inmaterial, comienza a flotar en el escenario a lo largo de la representación, fruto de una invisible textura cuya composición no es fácil de comprobar. Advertimos la enunciación de un texto sólido y la presencia, también, de sólidas actuaciones pero la receta, los ingredientes precisos se nos escapan. Pero esa presencia intangible está ahí y es el gran logro. Casi imperceptiblemente, la escena comienza a colmarse de energía en tensión. Ésa energía, femenina y masculina, en choque, en complemento, en unidad, en irremediable tensión, se hace presente y se expresa con potencia en el escenario.

Y el título “El Tao del sexo” agiganta su sentido. El Tao, el camino, el método, la esencia, lo que se manifiesta pero no puede ser nombrado. Un texto a cuatro manos que logra su objetivo y se verbaliza en los cuerpos.

Así, los personajes, reflexionan, se preguntan; por momentos en la forma de diálogos y en otros, como pensando en voz alta o compartiendo con el público, haciéndolos testigos y a la vez cómplices de lo dicho pero también de lo que se oculta.

Hay un gran mérito en la elección de los actores. María José Gabin está deslumbrante, plena de gestualidad. Hermosa manifestación de lo femenino en el escenario. Potente, seductora y a la vez frágil y sensible.

Male: Él nunca necesita nada. Siempre está completo (…) Y yo pendiente de un chico que… que me da entidad (…) Un chico que hace que yo exista (…) Su mensajito no dice “cómo estás”; dice “cómo estás, hermosa” (…) Y yo me siento morir.

Raúl Rizo, contundente en su masculinidad, tironeado entre los mandatos del padre y sus propias necesidades.

Eugenio: ¿Mi papá me llegó a querer? (…) Con mi título de abogado, cumpliendo a rajatabla todo lo que esperaba de mí, no como el “tarambana” de mi hermano; el gran Doctor Arregui, mi padre, ¿me amó alguna vez?

Ambos en la eterna espera. ¿Amor? ¿Comprensión? ¿Abrazos? Encuentros y desencuentros de dos seres igualmente necesitados y hambrientos de vida. Una búsqueda constante de un equilibrio que nunca llega o a lo sumo, resulta siempre inestable.

Una espectadora comentaría luego: “Esta obra es un espejo; imposible no sentirse identificado”.

Adecuadas decisiones de vestuario, iluminación, escenografía y música permiten que lo que se dice ocupe el punto central de la puesta; que nada distraiga la atención de lo que resulta medular: la palabra. La palabra como indicio de lo que va por dentro, de lo que empuja para manifestarse en una constante necesidad de satisfacción.

La escenografía delimita el espacio con simpleza aportando distintos niveles en los que se desplazan los actores, con zonas horizontales donde afirmarse y también pendientes en simbólica inestabilidad. El vestuario, práctico y funcional, adquiere en el caso de la mujer, un toque de estilo que resalta su sensualidad y belleza.

El Tao del sexo, el Tao del Teatro. Filosofías amorosas que unen los cuerpos y el espíritu. Ambos son esencia de lo primordial y cultivan el placer para el disfrute de los participantes.

El tao 2

Raúl Rizzo y María José Gabin

La presente crítica corresponde a la función del viernes 3 de octubre de 2014 realizada en la Sala Luisa Vehil del Teatro Nacional Cervantes.

El Tao del sexo ha sido ganadora del premio internacional Casa de las Américas. Es la segunda obra teatral -la primera fue Posparto– que el dramaturgo, escritor y docente de teatro Ignacio Apolo, y la escritora y reconocida psicoterapeuta familiar Laura Gutman escribieron juntos. El texto de esta pieza teatral, publicado simultáneamente en Argentina y en Cuba en 2013, ha obtenido gran reconocimiento nacional e internacional.

 

Ficha Artística/Técnica:

El Tao del sexo, de Ignacio Apolo y Laura Gutman
Con María José Gabin y Raúl Rizzo

Asistencia de dirección: Vanesa Campanini
Producción TNC: Daniela Szlak
Fotografía: Gustavo Gorrini, Mauricio Cáceres
Diseño gráfico: Verónica Duh, Ana Dulce Collados
Música: Federico Marrale
Vestuario: Magda Banach
Iluminación y escenografía: Magali Acha
Dirección: Ignacio Apolo

Funciones: viernes y sábados a las 19.00 – domingos a las 18.30
Entradas: $60,- Boletería de miércoles a domingo de 10 a 21.

Teatro Nacional Cervantes
Libertad 815, Ciudad de Buenos Aires
4816-4224 – 4815-8883

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